lunes, 18 de noviembre de 2013

Miriam Gómez

La semana pasada entrevistamos a Miriam Gómez. Nos habló deslavazado, como a empujones, durante más de una hora. Abría muchos ojos al recordar cómo su marido muerto, Guillermo Cabrera Infante, se quedaba sin memoria después de los electroshocks con que intentó curarse la paranoia. Se emocionó varias veces (“odio este rollo lacrimoso, pero no puedo evitarlo”.) Dejó poco espacio a nuestras voces y tampoco quisimos interrumpir a alguien que recordaba. Fue inevitable abstraernos a veces en sus pequeñas manos arañando un botellín de agua que dejó retorcido, agitado. No tardó ni cinco segundos en recordar a Guillermo; su manía al hilo dental, concretamente. Habló del dolor continuado en el tiempo, de cómo los médicos le confundieron al escritor la bipolaridad con la melancolía y fueron incapaces de ayudarlo. Él entonces se sentaba, pluma y papel, y se hacía a sí mismo un diagnóstico literario. Fue su autopsia en vida. Sus amigos sabían que nunca debían abordarlo de repente, pues lo llevarían seguro al infarto. Cabrera Infante no albergaba rabia, sino terror. Por eso se quedó parado en el 59, minutos antes de que Fidel (“Yo al menos puedo decir que nunca lo llamé Fidel”, decía cuando algún periodista le deslizaba su pasado revolucionario) pisara La Habana: para no sentir miedo, pues allí se murió la primera vez, como el patriarca de García Márquez (ese señor nunca fue amigo de Guillermo”, subraya la viuda, muy seria.) A GCI, según decía él mismo, nunca le importó que Gabo lo llamara gusano, contrarrevolucionario asqueroso, sino que la prosa suya fuera como el sombrero frutero de Celia Cruz. Miriam Gómez nos contó muchas anécdotas y algún detalle estremecedor. Su insurrección, la de Guillermo, pasado el punto de no retorno sobre el mar, fue estrictamente literaria. En ese mismo avión cambió el título de Vista del amanecer en el trópico y puso ese “no se puede más” al final del renombrado Tres Tristes Tigres, como burla última al censor franquista tras la mutilación de su texto, peaje obligado hacia el premio Biblioteca Breve, tan importante entonces para aliviar, aunque fuera durante un rato, los gravísimos problemas económicos de la familia. “Siempre se lo agradeceré –diría GCI-: me quedó un libro mejor”. La postura oficial de Cuba es que el libro va en contra de algo tan etéreo como el espíritu de la revolución. Salen negros que cantan y bailan, se divierten. Hoy, tener cualquier libro suyo es motivo de cárcel. GCI reescribió ese país paralizado como en una foto. El dolor, la forma como salió, quitándole todo el tiempo al sueño, La Habana para un infante difunto, mosaico delicioso de faldas, bragas y olores y, sobre todo, una catedral de letras que trata de recuperar, un proceso de reconstrucción. La ninfa inconstante –creo que mi preferido- y su inolvidable máscara de un Humbert Humbert del trópico. Guillermo llegaba exhausto del hospital y, perdida la memoria, se sentaba a recordar, algunas veces hasta quedar desnudo. No es difícil rastrear en Miriam Gómez las sobras de esta tragedia. Estuvieron siempre juntos; “yo lo quité de cazar mujeres, lo tranquilicé”. Sus últimas cacerías varoniles, sostiene ella con cierta candidez, fueron esas que cuenta en el libro último. "Otros se refugian en el alcohol o las drogas; él lo hizo en las mujeres". Fue un genio desquiciado, centrifugador de humores cuyo único lenitivo posible era (cosa dramática para él) escribir torrentes de literatura. Se sentaba y trabajaba, a veces durante días enteros, ay Dios mío, suspiraba la esposa, qué estará escribiendo este hombre. EL caso es que ahora presenta Miriam un inédito de cajón sobre la pesadilla central de GCI, sobre lo que vivió en los cuatro meses que Castro lo retuvo en la isla en 1968, cuando regresó al entierro de su madre y no llegó para verla viva, perseguido él, que era funcionario público, por el siniestro departamento de Lacras Sociales. Una cárcel rodeada de agua –incluso por arriba cuando llueve, decía-, la isla en peso de Piñera, los muertos y los torturados. Yo ahora preparo un largo texto sobre el tema. Asi que no se puede más.

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