lunes, 11 de noviembre de 2013

Chabelita

El Sálvame lleva tiempo obsesionado con nuestra puericia, pero ahora, con el pavo de Chabelita a minucioso debate, esta tendencia está adquiriendo niveles insoportables. Se trata de sacar conclusiones y poner ejemplos, así que el pavo de Chabelita es también una excusa para indignarse todos a una con el pavo de su novio, que por lo visto anda desde los quince embarazando niñas, como si en ese fumigar tan despreocupadamente andaluz, de chulería cani y morena, quisiera él labrarse un futuro, siendo la actitud de los tertulianos, por extensión, una enmienda al joven irresponsable que, sin edad de hacer la mili, decide tirarse al monte de la paternidad. Como si apechugar con los ciclos vitales fuera intrínsecamente malo. Si antes lo condenable era embarcarse y coger sabañones en la mar, llevar a cabo una vida pirata y errante, ahora se ha vuelto inadmisible adquirir responsabilidades antes de tiempo. Uno no ve nada malo en que gente como Paquirrín o Chabelita, totalmente inútiles para la economía productiva del país, tengan hijos a estas edades tan absurdas. Esto es parir solo para poner bocarriba otra vez la pirámide. Con Francisquito, el hijo de Paquirrín y Jessica Bueno, del que yo me ocupé ya aquí, dieron una barrila considerable los que ahora ven en la rebeldía de Chabelita -¡la rebeldía es tener trillizos!- un acto de inmadurez. Tener hijos es maduro, nos dicen sin querer Patiño y compañía, siempre y cuando uno los tenga de acuerdo a lo que dicta el canon; es decir, la moda. La moda dice que hoy, aunque tengas miles de euros para gastar y ninguna ambición por viajar o disfrutar de tu juventud más allá de los límites del Guadalquivir, hay que joderse y esperarse. Oiga, irresponsabilidad será el parir compulsivo de las familias pobres, la prole alrededor del cazo de arroz hervido; no esto

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada