miércoles, 17 de julio de 2013

Mierda








La portada de Jaime Ostos –a punto he estado de atragantarme con la magdalena- me ha hecho recordar otra apertura gloriosa de mi ex periódico. En pleno rediseño ilusionante del diario, con fotos a muchos colores y tipografías imposibles, los jefes decidieron sacar en portada un caganer shakespeareano (Algo huele mal en Convergencia) al que solo le faltaba el tufo, como en aquellos cromos radiactivos de los Simpsons. Los que aún llegábamos a Intereconomía cada mañana como la triste pareja de La Carretera de McCarthy celebramos aquel folio maravilloso, ortodoxamente periodístico, que nos sacaba de la sombra y nos ponía exactamente en el lugar que debíamos ocupar. La noticia, claro, nacía hueca, calcada de algo que habría dado El Mundo un par de días antes, pero al menos el eco nuestro, sesgado y malinterpretado, surgía con olor a mierda. Al día siguiente, creo, lo jodimos todo con tres Francos en alto y un fundido en negro que invitaba al asesinato.

Pero aquel caganer… aquello era la Verdad nuestra, nuestra verdad objetiva y pura, la mierda aromatizada que tanto reclama el sanedrín de la prensa.

Por eso La Gaceta no puede acabar con la asepsia de una cicatriz, así luzca esta paredaña al calzoncillo. Una apertura olorosa, con olor a mierda concretamente, será -pudo haberlo sido- el cierre perfecto del diario, un corte de mangas a sus obcecados lectores y el reconocimiento implícito de las causas del naufragio.

Y un aquí no cobra ni Dios.

Si no supiera que el mesianismo destierra el sentido del humor, diría que sacar la ingle cicatrizada de Ostos en pleno proceso a Bárcenas es una genialidad. Podría, por qué no, ser el pendrive de Jaime Ostos. Pero prefiero verlo en clave interna, que es como toda la vida se ha hecho ese periódico. La entrepierna del torero (la torería, sinvergüenza y loca, es un rasgo del inconsciente) sería un echarle huevos por lo que más quieras, una petición de valentía al redactor arruinado y que siga tecleando, si hace falta dándole al intro con un testículo.

De La Gaceta nunca quisieron saber nada otros periódicos así que ahora, mientras vuelan los cuchillos largos entre la derechona de papel, va Ariza y se saca un huevo.  
Y esta foto, creen ellos, es de Pulitzer, así que lo mismo este año hay hasta cena de Navidad.

A Jaime Ostos, por cierto, yo no le recordaba corrida alguna, sino un perfil oscuro de tertuliano colérico, inquietante, llamándole a Karmele bollera de mierda en un Sálvame de hace años. Ahora Ostos adquiere una imagen patética de viejo sujetándose las gónadas, de torero con los huevos descolgados de tanta taleguilla. Al paquete redondeado del torero joven le sustituye ahora una mano arrugada y una camisa por fuera, un miembro decadente y final y una confesión horrorosa: “Ni los médicos quisieron meterme mano”.

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