lunes, 29 de abril de 2013

Girls





¿Cómo es el fracaso a los veinticinco? ¿Se puede copular por amor sin meterla a la primera? ¿Es el sexo la mejor manera de sentirse bien con uno mismo, la belleza un arma infalible contra el desánimo? ¿Puede un sentimiento tan idealizado como el amor carecer de la más mínima inteligencia emocional, ser algo meramente impulsivo, un modo de definir el miedo a la soledad?

De  todo esto va Girls, la estupenda y controvertida serie de la HBO, una serie de chicas, no sé si para ellas; pero que gana gracias al rotundo talento de su creadora.  Lo primero que nos preguntamos al verla es cómo surge un día ese talento tan original entre el hormiguero de criaturas hermosas que se agolpan frente a un escenario o a la puerta de unos estudios de televisión. ¿Tiene alguien, siquiera remotamente, la paciencia de escuchar a quien parece no tener nada que decir? Lo lógico es que Lena Dunham (Nueva York, 1986), protagonista y guionista de esta serie, fracasara un número indeterminado de veces –no demasiadas: tiene veintisiete años- antes de que la dejaran explicarse en un guión. La verdad es que sería deprimente saber ahora que desde pequeñita tuvo ese talento a la vista, como quien luce pechamen en un casting, un talento que además fuera apreciado e incluso remunerado.

La conclusión es que en EE UU, si bien el éxito, caprichoso como en todas partes, no obedece a ningún cálculo, de pronto un ser vulgar, sin demasiado encanto, puede descollar entre los de su generación, soportando el tabarrón, la dolorosa y pesada etiqueta de ser su portavoz.

Pero vayamos con la serie. Lo que empezó como una comedia, una especie de sitcom indie, desenfadada, que rompía tópicos sobre la juventud neoyorquina, va adquiriendo con el paso de los capítulos una capacidad insólita de reflexión. Por eso la segunda temporada, cuando Hannah pierde la cabeza, sus amigos van fracasando irremediablemente (aún más), es mejor, notablemente mejor. Dunham tiene la habilidad de escribir sobre lo que siente su generación (no sobre lo que piensa, que era una cosa que cabreaba mucho a Thatcher, a quien un médico le preguntó un día cómo se sentía y casi se lo come) y aquí está quizás el mayor riesgo de la serie: apegarse demasiado al estereotipo, ser una serie “solo” de su tiempo, en donde sin duda Lena está cómoda y es aparentemente sincera.

Lena-Hannah es fea (valor añadido), pero tiene la ventaja de escribir lo que le da la gana y hacer decir a quien quiere lo que quiere, a la manera de Woody Allen, que siempre ha aprovechado en sus películas para besar a la más guapa. Esto no deja de ser un delirio, una fantasía -hay un capítulo en el que se tira a un médico igualito a Paul Newman; un capítulo maravilloso en que Lena es muestra que es casi tan buena actriz como guionista- y ella, que no es tonta, lo disimula enseñando su indeseable sexualidad, su teta tímida, vacía, que parece irse hacia dentro, huyendo del maromo de turno que la alcanza. Las teticas de Lena, su cuerpo cuadrado y blando, están lejos del puñetazo feminista sobre la mesa que algunos han querido ver en la serie. No hay reivindicación en su libertinaje, hoy tan usual como el botellón. 



Su originalidad, lo novedoso de Girls, está en mostrar la vida desde un punto de vista femenino radical, pero sin las sandeces de Sexo en Nueva York y poniendo al hombre en un lugar parejo al de la mujer.

A todas las chicas de Girls les va realmente mal en la vida, pero Hannah es la única a la que parece no importarle demasiado (su TOC de la segunda temporada no tendrá nada que ver). Su mejor amiga, Marnie, que está buenísima, es la que peor lleva el fracaso y por eso quizás uno de los personajes menos simpáticos de la serie. La evolución de Charlie, su novio, que aparece y desaparece y por lo visto se va de la serie en la tercera temporada, debería estudiarse en las escuelas de guión. Adam es un personaje fascinante, de una comicidad rara y tormentosa, y Shoshanna, una virgen con los complejos a la vista, es la cesión estrictamente cómica de la historia. Pero hasta ella, sin una personalidad digamos arrolladora, junto a su novio (ahora no recuerdo el nombre) establece una relación compleja, que acaba fracasando por donde empezó.

La serie ha propiciado un agitado debate en EEUU, una discusión mediática que parece más un enfrentamiento entre generaciones. Yo pertenezco a la de Dunham y, aunque me da más pereza que otra cosa la vitola de heredera de Woody Allen que se le ha colgado, estoy por la labor de defender su obra: es original y verosímil, y eso debería ser suficiente.
 

2 comentarios:

  1. Después de ver la primera temporada, aún no sé qué pensar. Imagino que esa sensación indica que la serie no es mala, que no deja indiferente. Pero no sé si me apetece ver la segunda temporada o no. Después de diez capítulos me pregunto si realmente me interesan esos personajes. A lo mejor es que son tan "reales" que carecen de interés. Al menos para una serie de ficción que ni es comedia, ni es drama. Al final, todos los personajes son patéticos (tal vez en la realidad al fin y al cabo todos lo seamos un poco). Y, lo que es peor, no los entiendo.

    Hay algo en el planteamiento que dificulta la empatía (y soy mujer, un poco mayor que las protagonistas, pero tampoco tanto, puedo recordar cómo era a los 25, todavía). A lo mejor está hecho aposta, no lo sé.

    No me creo que el retrato de esa generación sea de gente tan vacía, con tan poco que decir, en el fondo. Porque son muy vacíos. De eso podría sacarse ironía, o drama, pero se queda en eso. En algo tan superficial, en el fondo, como "Sexo en Nueva York" (serie, por cierto, que nunca soporté. No me gustó nunca, pero al menos le reconozco la ironía, la desmitificación, la parodia). Creo que a "Girls" le falta eso. Más humor, más capacidad para reirse de su propia desgracia. Se toma demasiado en serio y creo que ahí está el error.

    Por lo demás, mi personaje favorito es Jessa, la primita europea.
    Hannah me saca de quicio y su novio sociópata más. No se entiende muy bien esa relación, que no es nada feminista, casi más bien al contrario, diría. La amiga es tan guapa como sosa y tan moñas que no hay quien la aguante.

    Pero hay que reconocer que al menos la serie da para unas cuantas reflexiones, para que desparramemos unas cuantas letras por la red.

    Saludos

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  2. Creo que los temas que van surgiendo en la serie van a generar controversia porque no son muy comunes en las series, pero Girls de HBO es muy original y me gusta porque una se identifica con eso de que las chicas no hallan buen empleo o se pelean entre ellas y los enrredos con los chicos, me gusta.

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