sábado, 16 de febrero de 2013

Vigoréxica Legión


Publicado en LA GACETa el 16/02/2013

A la hora incierta del vermú, que es el desayuno del parado, echan desde hace años en Telecinco el que quizá sea el peor programa de la historia de la televisión. Hablo de Hombres, Mujeres y viceversa, u Hombres, mujeres, bíceps y berzas, como le oí decir una vez a un legionario extremeño que cotejaba con regocijo su afilada complexión, tallada a sangre y fuego en la misma orilla de África, con el plastificado, absurdo cuerpo del tronista tipo. Si alguien tenía derecho a reírse de los emasculados intelectuales de ese programa era él, que había cursado además la exigente carrera militar en Zaragoza.

El legionario, cuya dieta en combate está ciertamente alejada del puto arroz con pollo de Rafa Mora y compañía, enseguida toma conciencia de que al cuerpo únicamente hay que educarlo en base a un pedestre y sencillísimo entrenamiento que consiste en hacer ejercicio bajo el sol hasta que uno se desmaya. Y por las noches, que es cuando refresca en los australes dominios de la guerra, la compañía suele devenir comparsa atronadora y se arroja a elixires mucho más sofisticados que la leche de pantera, aguantando en pie su famélica y exhausta figura. Esto lo pude comprobar un verano en que asistí a una de sus celebraciones, aquelarre apocalíptico que habría sido filmado por Coppola y en el que acabé siendo el más borracho de la fiesta, que es por otro lado una cosa que me pasa a mí desde pequeño.

Pero en fin. Que intenté ver lo de los tronistas y ni con mis elásticas tragaderas pude soportarlo. El programa es zafio, simple y despide un tufillo –hedor- machista que haría vomitar a la mismísima cabra de la Legión, por continuar la analogía. Y perdonen ustedes la vehemencia, pero es que me pongo malo. Uno tampoco le pide demasiado a la tele, que nos acompañe, sin más; pero es que aquí al diabólico formato hay que añadir una sucesión de cuerpos bonitos –los de ellas, en los otros no hay manera de rastrear lo que fueron- devastados por la cirugía, un auténtico escarnio de la belleza, en definitiva, que puede quitarle a uno hasta el apetito.

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