sábado, 23 de febrero de 2013

Payasos tristes


Publicado en LA GACETa el 23/02/2013

Ha llegado a Madrid el mejor payaso del mundo. Su nombre es David Larible y es un bufón alegre, guasón, sin los excesos ornamentales de los de su gremio. Un payaso sin tragedia, que es lo que a mí, inclinado al humor enfermo y negrísimo de la evolución atormentada del payaso triste, me estorba un poco. Ahora bien. Entiendo que los dobleces del payaso eran una concesión a los abnegados padres que habían de acompañar a sus hijos al circo, y un payaso para niños, exclusivamente para niños, habría tenido que templar su perplejidad, su lastimoso yo interior, que es un peaje a la inteligencia no apto para menores.

¿Tienen sentimientos los payasos? Alguien dedicado al humor al menos ha de ocultarlos, si bien el payaso, representante absoluto de la risa con escarnio de sí mismo, degeneró luego en alguien triste, angustiado por la asfixiante máscara del cómico que derrumba castillos interiores, a lo Norma Desmond en el Crepúsculo de los Dioses. Así era el payaso asesino de Alex de la Iglesia (un payaso sublime, dijo Tarantino, que pidió conocer a Carlos Areces), surrealista, de subconsciente liberado, que coge una metralleta antes de arrancar la carcajada propicia a los niños. Lo dijo André Breton: “El acto surrealista más simple consiste en salir a la calle con un revólver en cada mano y, a ciegas, disparar cuanto se pueda contra la multitud”.

Y si el que dispara es un payaso tenemos ya un surrealismo glorioso que se une por el borde con la risa. “¿Y vosotros de qué circo sois?”, les pregunta el protagonista de Balada Triste de trompeta a los etarras que acaban de volar a Carrero Blanco. El acto más grotesco merece ser banalizado. ¡Qué gesto surrealista, qué gran payasada la de Dalí devolviendo a su padre, ya en la madurez, un tarro lleno de semen con una nota que decía: “ya estamos en paz”! Lo penoso y lo absurdo es herencia payasa, progreso del tartazo en el rostro, del batacazo humillante que, traspasando los límites del pudor, sacrifica al humorista para que se rían todos los demás.

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