sábado, 9 de febrero de 2013

Organizarse y pillar


Publicado en LA GACETA el 09/02/2013

Un rasgo irrenunciable del ser humano es que suele fiarse de las apariencias a la hora de señalar criminales. Aquí tuvimos los GAL y en América las sensacionales Guantánamo y Abu Ghraib. El prejuicio es una cosa que está muy bien; todo lo que podamos arreglar antes de ir juicio, en realidad, pues la cautela, ignorar la pinta del sospechoso y mantenerle la subvención, conlleva el peligro del fallo, que en estos casos suele ser fatal. Ocurrió con el asesino de Pagaza, que pregonó durante años, impunemente, su deseo de fusilar maquetos a pocos metros del lugar donde se descomponía el cadáver de su víctima.

Pero el caso de Bárcenas, que es el que nos ocupa, es sensiblemente distinto porque primero se pilló la trampa, una trampa ciertamente corleonesca, y después se insistió en su pinta de siciliano. Esta vez no ha sido la prensa socialdemócrata, sino el periódico que supervisa Espada desde dentro, el que ha sacado una nota sobre el abrigo Chesterfield del ex tesorero, igualito al que llevaba Al Capone a los juicios.

Camba veía en el célebre capo de Chicago al Henry Ford de la delincuencia organizada. Pudo comprobar la pulcritud criminal de América, una criminalidad en serie que precisaba, para amortizar la inversión, delinquir a todas horas y en cada rincón del país, delinquir al por mayor, como quien dice:

-Dígase lo que se quiera, pero los magistrados cuestan caro, y solo unos sindicatos muy poderosos pueden hacerles ofertas convenientes. La compra de policías y testigos también supone un capital importante, y no hablemos de material. El material con que trabajan los industriales del crimen en Nueva York y Chicago está tan especializado como el de un ejército, y su importe se eleva a sumas verdaderamente fabulosas.

Es absurdo que cada delincuente vaya por su cuenta y por eso en España no mereció la pena corromperse hasta que a alguien se le ocurrió la formidable idea de organizarse, que era lo que pedía siempre un cachondo del 15-M que iba cada tarde a Sol, cuando empezaba a disolverse la manifa, con un cartel que decía:

-Si nos organizamos, pillamos todos.

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