jueves, 21 de febrero de 2013

El empeño de Rajoy


Publicado en LA GACETA el 21/02/2013

Ayer puse el discurso de mi presidente y el Twitter, que son dos cosas que han de ir siempre unidas aun a riesgo de acabar cabeceando a media mañana con el humorismo orgánico del tuitero medio socialista. Esta gente, esclava de trasnochadas lealtades que hoy ya no se entienden, simula cabreo con todos menos con las siglas y con Talegón, a la que ahora reputan Rosa Luxemburgo en pañuelo palestino como en su día aplaudieron los peperos a Rajoy como si fuera Churchill. Conste que Talegón es ahora mi heroína indiscutible, pero porque es joven, atractiva y se explica estupendamente, que son cualidades para una novia aunque pocas certezas nos dan acerca de su futuro desempeño al calor del BOE.

El caso es que aguanté diez minutos de debate, no por nada, y recordé que daban en uno de los canales ligeros que a mí me gustan un programa que llevaba tiempo queriendo ver. Se llama Empeños a lo bestia (Xplora) y es un extravagante espacio sobre gente que empeña de todo: un coche, una casa, una cabra, una ametralladora de quince kilos, un arma termonuclear, un bebé, un juego de figuritas de la Segunda Guerra Mundial, lo que sea.  El programa está bien, es una de esas cosas raras que se les ocurren a los americanos y que ellos reparten entre la MTV y este canal desapercibido cuyos formatos recuerdan algo a los correcalles de Cuatro y La Sexta. Lo vi enterito, volví a cambiar y Rajoy seguía allí, sin signo alguno de fatiga. Y entonces dijo una frase que me acabó de ganar:

-Pero todo lleva su tiempo, especialmente después… de haberlo perdido tanto.

Esto, que suena a final fitzgeraldiano del que echar mano a la hora del postre, es en realidad un brillante hallazgo retórico de Rajoy, mucho más efectivo que la retahíla de datos que soltó al principio sobre la herencia de Zapatero y al nivel de esa otra genialidad  que dijo también ayer, más o menos a la misma hora: “Pude elegir entre cumplir el programa y así beneficiarme yo, o no cumplirlo y hacer lo mejor para el país”. Es decir, si no me quieren, al menos que me den las gracias.



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