jueves, 7 de febrero de 2013

El desencanto


Publicado en LA GACETA el 7/02/2013

 Reponían el martes en La 2 El desencanto, striptease postrero de una familia, la de los Panero, que pasó de la opulencia y el reconocimiento a la más absoluta miseria en el tiempo que tarda en morir un padre, que es más o menos el mismo en que la diña un dictador. Uno, por afinidad territorial y cierta mitomanía inútil, ha indagado algo en esta tortuosa saga, llegando, quizá tarde, a una amarga conclusión: si me hablan de poetas, me quedo con el patriarca. Leopoldo Panero, muerto simbólicamente a manos de sus hijos, es hoy poco más que una nota al pie en los manuales literarios del siglo XX, y eso que compuso no pocos versos de mérito dignos de figurar en el canon de la poesía española, empezando por su propio epitafio, cuyo comienzo parece puesto en bandeja de plata para el rodaje del documental: Ha muerto/acribillado por los besos de sus hijos,/absuelto por los ojos más dulcemente azules/y con el corazón más tranquilo que otros días,/el poeta Leopoldo Panero...

Pero en el coloquio posterior se iba a hablar poco de literatura, así que llevaron a Millás, que se limitó a mostrar su estupor ante la erudición fragmentaria de Leopoldo María. Su presencia fue fútil y un tanto esperpéntica y quedó resumida perfectamente por Montano en twitter: “Poner a Millás en un coloquio sobre los Panero es como poner a un tuno en un coloquio sobre los Doors”.

Uno lamenta de veras la tragedia de esta familia. También la de Leopoldo María, que ya hace años dio en lo de Dragó uno de los espectáculos más lamentables y geniales de la historia de la televisión. Venía de un psiquiátrico de Canarias (“Joder, con esta gente no puedo hablar más que de potorros y vergas”, se quejaba) y se pasó toda la entrevista yendo y viniendo al baño, intercalando semejante trasiego con la declamación ininteligible de Mallarmé en su idioma original. Yo la última vez que lo vi estaba firmando libros en el Retiro, en la última feria primaveral. Me llamó para que me acercara:

-Tengo que tener cuidado -susurró, mirando por encima de mi hombro-. Estos cabrones quieren matarme. Saben que estuve en el PC.  

1 comentario:

  1. REcuerod a Leopoldo María tomando cocacola y fumando compulsivamente. Emitiendo destellos puntuales de lucidez y abrumado constantemente por la oscuridad de la locura. En tiempos aspiró a ser icono de cierto tipo de poesía maldita, ya no es icono más que de locura destructiva y deformación psiquiátrica. Es un loco listo, y culto. Más allá de Leopoldo María me llama la atención cómo la madre hace un recuerdo lúcido y radicalmente veraz de su relación con el poeta exigente individualista, sólo apta para muejres geenrosas y entregada.
    Hijos alcoholizados, enloquecidos, bisexuales y comunistas, herencia irónica de uno de los poetas del Rágimen.

    ResponderEliminar