sábado, 19 de enero de 2013

Sofía Vergara







Publicado en LA GACETA el 19/01/2013

Sofía Vergara, protagonista coral de Modern Family (FOX), podría haber sucumbido al enésimo casting rijoso y vergonzante, y sin embargo, un golpe de suerte (o un triunfo de su cuerpo frente a la caprichosa probabilidad) la ha convertido ya en nuestra Pilar Rubio mejorada, que en Sé lo que hicisteis tenía un papel parecido de bella graciosa, gestual y desenfadada al servicio de una diversión ligera.

Como la española, que traspapeló su éxito entre las curvas alegres de La Sexta, la colombiana, hasta ahora paracaidista de festivales horteras, podrá dedicarse ya a cadenas huecas tipo Telecinco –si las hubiera en América-, o a congelar en marquesinas sus labios en un beso quieto y sobreactuado, pues ha dejado para siempre en la cultura populachera de la tele un poso de belleza elegante y madura, definitiva.  

Porque Sofía Vergara es sobre todo una chica guapa que ofreció su descapulle postrero, su magnífica eclosión al hombre común.

Lleva veinte años dando tumbos en pantalla, por lo que se trata además de una celebridad otoñal, ponderada, y puede que su demora haya sido, sin más, una cosa del destino, que sin duda acertó esta vez.

Hermoseada en Miami, ese playazo donde bailan despreocupados los ricos huidos del sur,  ha repetido 23 años después su primer anuncio para Pepsi, y ahí notamos hasta qué punto su cuerpo ha sido tratado con mimo, afilándose y tomando expresión su rostro. Sale en una hamaca en posición serena, algo acalorada, y como tiene ya la vis cómica dentro, termina el spot con un gesto burlesco, de artista, abriendo mucho los ojos y arqueando la boca. Digo esto porque en el anuncio original, la joven Sofía, novicia aún del sueño americano, se limitaba, visiblemente turbada, a corretear por la playa. Así que el cambio es evidente.

Su papel en Modern Family, aunque fiado a la belleza, es convincente dentro del encorsetamiento que exige una sitcom, más risión que ironía fina. El esquema no cambia: Sofía -vestido ajustado y volandero en las puntas, labios pintados, tacones imposibles- corre y suelta una frase caribeña venga o no a cuento, marchándose después muy torera. Y todos ríen, pues todos están contentos de verla.

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