miércoles, 16 de enero de 2013

Homeland en Cuatro


Publicado en LA GACETA el 16/01/2013

El sargento Nick Brody llega a casa tras ocho años de cautiverio en Oriente Medio. El país lo recibe como un héroe, pero en privado extraña a sus hijos y recela de su guapa esposa, que es aquí, como en tantas otras series americanas, una mujer engañada que quiere saber y va sabiendo.

Todos soportan su parte de mentira, también Brody, cuya principal habilidad es decirlas sin pestañear, clavando sus opacos e inquietantes ojos azules lo mismo en un peligroso terrorista que en el pez más gordo de la CIA. Brody oculta, pero también es un finísimo mentiroso patológico y hay un momento en que los guionistas deciden que precisamente él no puede tener secretos para el espectador.

Las dos primeras temporadas de Homeland, que emitirá Cuatro, son adictivas, susceptibles, si uno tiene tiempo y poca vida social, de ser engullidas en un fin de semana. La primera abunda en los errores de la inteligencia americana y en la psicología de Brody, quien, tras pasar casi una década encerrado, entre el enemigo, siente a menudo la necesidad de acurrucarse en una esquina, murmurando frases ininteligibles. Brody sueña, tiene pesadillas y agarra a su esposa hasta el punto de agredirla, epata a sus invitados y asusta a sus hijos, pero frente a América se mantiene heroico y sereno. Estos dobleces le dan, sobre todo al principio, el atractivo del psicópata absoluto, irrecuperable.

Con Carrie, la agente de la CIA que sospecha de su conversión al integrismo islámico, Brody mantiene una relación imposible y utilitaria. Se usan y a veces parece que se quieren, aunque a lo dicho sobre Brody haya que añadir, como freno a cualquier tipo de orden sentimental, la enfermedad psiquiátrica de ella, una bipolaridad latente como metáfora de su quehacer laboral.

Asistimos también a la forja del yihadista, a la explicación de la obsesión coránica por acabar con Occidente; pero no está del todo claro si lo que vemos es una apología de la Fe como medio para superar situaciones extremas o una execración de la misma. Tras la segunda temporada, parece que la única brecha posible, como casi siempre, es la que separa el bien del mal.

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