lunes, 21 de enero de 2013

Flappers y mileuristas


Publicado en LA GACETA el 21/01/2013

Ayer supimos por El Mundo que los participantes de Gandía Shore, ese programa de la MTV que mete en una casa con mar a ocho adoradores silvestres del techno-gym para que beban y se amen con indecorosa fruición, cobran apenas 1.000 euros por derechos de imagen. Mil euros que son el símbolo de un desastre generacional.

Lo patético de este programa, no se engañen, está en su decadencia puramente económica, pues representa el último vestigio de un tiempo de hijos de papá (Hijos de Papá, por cierto, es otro programa de crisis, aunque de crisis eludida). Labrador y compañía cobran mil euros por rellenar de músculo el fracaso de un modelo loco que engendró tipos así de epidérmicos. Y por eso Gandía Shore no es más que una fiesta infantil con su desahogo biológico, estrictamente natural.

Ylenia es el eco más claro de los felices años del bakalao y el ladrillo, y todo en ella es fatalidad nocturna, volátil. Es como una flapper de otra década que busca ahora su macrofiesta perdida, su último viaje en barco antes del naufragio. A la flapper de los años veinte la amamos porque tuvo quien la escribiera, pero lo cierto es que se parecía mucho a esta Ylenia simple y chabacana, consagrada a todos los placeres. “La flapper -escribió Scott Fitzgerald- es juvenil, estridente, masculina… algo canija, sin misterio y sin ilusiones, igual al hombre y rival de éste en deporte, trabajo y amor… no espera de él más que confirmación de autonomía y libertad”. Ylenia tiene todo esto, aunque es inestable y depresiva, pues pena lastimosamente por la misma España que nosotros. Lo vemos en su incipiente alcoholismo de fin de semana, que es triste y colérico y nos hace imaginar cómo sería ella con dinero, hace unos años, cuando rompía las pistas de Benidorm agarrada a una panda de ingleses borrachos.  

Con mil euros debiera bastar, pero es que nadie ha de vender su miseria por tan poco dinero. No son más tontos que usted o yo, simplemente no tienen salida. Quién hubiera imaginado que a los felices chicos de Gandía Shore les golpearía algún día el contundente mazo de su tiempo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario