miércoles, 23 de enero de 2013

Enrique cogió su fusil


Publicado en LA GACETA el 23/01/2013

El príncipe Enrique, pelirrojo feliz de la Casa Real británica, ha reconocido en un reportaje de la BBC que estando en Afganistán disparó y mató a más de uno y de dos barbudos, pero que siempre certificaba antes su pinta de talibanes. Suponemos que la barba, en un país cuyas servidumbres con la moda son tan cuestionables, fue clave -él no lo ha dicho así, claro- a la hora de tomar la peliaguda determinación de apretar el gatillo y, como dicen los cursis, segar una vida humana.

Y dicho esto quiero aclarar que yo vengo aquí a defender a Harry, pues pienso que con él se ha bordeado a menudo la infamia, canalizando en su distraído modo de llevar los galones áulicos el odio hacia una institución que ni siquiera en Inglaterra, donde la reina posee simultáneamente el cetro y la espada, vive ajena a la implacable cólera del pueblo. Uno no es sospechoso de monárquico, ni aun de simpatizante tímido de la realeza, pero en aquellos momentos en que la corrección política de la prensa -para estos asuntos aliada siempre de la plebe- estrujaba las sienes de un Harry resacoso y triste, me ponía inevitablemente de su lado. Yo, que tantas veces me he sentido así.

Bien que lo de disfrazarse de nazi fuera un tanto indecoroso, bien que emborracharse y meterle mano a una rubiaza de Chelsea no fuera una actitud propia de un príncipe, pero de ahí a crucificar a un chaval que al final es hijo de una institución capaz de romper con Roma por un lío de faldas, hay un apreciable trecho, y a uno le suena a puritanismo tardío, a moral victoriana y rancia.  A ver si ahora solo van a poder mamarse los hijastros de Hannover, Hangover o como se llame.

Por el momento, ya ha salido un insurgente talibán -no me pregunten de dónde- llamándole a Enrique chacal borracho, que me parece un hallazgo del todo inapropiado, más que nada porque no me imagino yo al príncipe con una petaca en una mano y un kalashnikov en la otra disparando como loco a mujeres y niños. Se fue a la guerra, sin más, y yo allí le veo reconciliándose con Dios. Así que déjenle en paz, pues Guillermo reinará y Enrique cogerá su fusil, que es lo suyo, aunque sea para disparar al aire en una fiesta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario