jueves, 31 de enero de 2013

Ebriorexia y telerrealidad


Publicado en LA GACETA el 31/01/2013

La MTV ha logrado que la influencia italiana de las Mama Chicho sea algo inocente, mero entretenimiento sin maldad. A diferencia de la televisión berlusconiana, que es cotilleo inofensivo, el canal americano toma verdaderas desgracias y, desde un punto de vista original, un enfoque propio, distanciado e irónico de interpretar las zozobras juveniles, las desarrolla con indiferencia, como si a partir de ciertas heterodoxias pudiésemos convenir todos que se trata solo de televisión. Los creadores de estos programas, además, parecen querer decirnos que ellos lo que hacen es aplicar un electroshock violento a la juventud, para que reflexione sobre sus taras, y eso con el aparente consentimiento de los padres, que asisten felices al show.

El último hallazgo de la MTV solo puede interpretarse así. El anuncio para el casting bordea el surrealismo: "¿Sufres ebriorexia? ¿Sueles saltarte comidas para poder salvar calorías para tus noches de borrachera? ¿Estás preocupado por tu peso pero no dispuesto a dejar la fiesta para vivir una vida sana?" No solo nos muestran una enfermedad desconocida y misteriosa, sino que la banalizan de tal modo que uno, aunque su primera reacción sea la de rasgarse la camisa, solo puede interpretar ahí una denuncia. True Life, que así se llama el programa, da un paso más hacia la genialidad del que se escribirán iracundas diatribas, pero que a mí me parece un nuevo requiebro a la corrección política, un modo rotundo de decir basta que va derechito al tabú de la enfermedad.

En fin, que ambos modelos, en sus versiones europea y americana, han conseguido domesticar la televisión, ser ellos mismos la tele; pero si la prensa deportiva pone y quita entrenadores, dibuja alineaciones que se cumplen y miente cada verano, no veo ninguna razón para tirar el trasto por la ventana y dedicarse a tiempo completo a las obras de Dickens o a la exégesis diaria de los editoriales de Relaño. 

-La tele soy yo –diría Berlusconi, a quien no es difícil imaginarse en Villa Certosa supervisando la enésima estatua ecuestre de sí mismo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario