miércoles, 30 de enero de 2013

Drive


Publicado en LA GACETA el 30/01/2013

 
Veo Drive con más de un año de retraso. Dirigida por un tal Winding Refn, la película cuenta una historia trivial de coches y delincuentes. El personaje de Ryan Gosling lleva una doble vida: de día trabaja en un taller y por la noche conduce para criminales. Nunca habla ni lleva pistola a los trabajos. Solo conduce: ese es su talento. Parece inofensivo, un muchacho triste en manos de quienes quieren hacer de él una mina de oro. Es indiferente al dolor, está solo y mata el tiempo paseando del taller a casa y de casa al coche, a conducir. Soporta su propia tragedia, lo intuimos:

-Un día se presentó aquí pidiendo trabajo y desde entonces lo exploto. Es un buen chico -dice de él su jefe y único amigo.

Wending Refn construye, a partir de una novelita de James Sallis, un novísimo odre y en él encierra un vino viejo y picado: el thriller trastornado de los ochenta. Pero el film otorga al asesinato y al crimen categoría lírica, un móvil más allá del dinero o la venganza, un motivo último filosófico. El protagonista lleva una vida absurda en la que, de pronto, como un fogonazo de luz, entra ella. Él entonces resucita, se desconcierta y choca contra la realidad: ha de protegerla. Un sentimiento puramente romántico desencadena una sucesión de crímenes sangrientos y brutales, a veces innecesarios, con él en el centro para preservarla a ella. El amor polariza el relato, la creatividad se dispara y asistimos a un festival violento y romántico entre música pop e interrupciones y elipsis en las que solo parece respetarse el crimen en sí. El conductor avanza y se rellena de humanidad a la vez que ejecuta a tipos partiéndoles el cuello o clavándoles una estaca en la garganta. Se crea una atmósfera febril, casi irreal, desparramándose la sangre al modo tarantinesco aunque de fondo suene un tema como de beso pueril en un baile de instituto. La película es magnífica, estéticamente perfecta.  Mezclar toda esa violencia, esa música, esa estética hortera con un amor desnudo en el que nadie seduce merced a un encanto inverosímil para contar chistes en la primera cita, requiere mucho estilo. Y esta Drive lo tiene.

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