jueves, 3 de enero de 2013

Bodas de plata


Publicado en LA GACETA el 03/01/2012


Nadie daba un duro por ellos y aquí están, veinticinco años después. Hablo de Isabel Preysler y Miguel Boyer, que cumplieron ayer sus bodas de plata tras un año duro, difícil, y van ya casi a reportaje diario en los programas del corazón. El telespectador, formado y deformado por la televisión, aún confunde los sucesivos matrimonios de la Preyler, que desafía al tiempo como en el cuento de Scott Fitzgerald, retrasando el inevitable otoño de toda mujer. A mí me ocurre que tengo memoria tardía de aquella boda por la tele y he sabido después de La bamba, Los pajaritos y todos aquellos veranos de transiciones por la insistencia de algunos programas anuales de TVE. Me fío pues de los periodistas viejos, que comentan que esta pareja ha sido y es, sobre todo, una perfecta alianza de poder y belleza, de mente y cuerpo, que han logrado un equilibrio óptimo entre los libros de uno y los ungüentos de la otra. Y puede que sea verdad, pues como todo el mundo sabe el éxito matrimonial consiste en encontrar la fórmula de la estabilidad, no de la felicidad.

Viendo fotos uno piensa que felices, felices, fueron cuando se conocieron, cuando Miguel, enamorado de las habilidades de la Preysler desde que el socialismo comenzase a veranear en Marbella y hacerse rico ya no fuera una excentricidad de la derecha, paseaba a su chica por medio mundo, con lo bien que ha quedado siempre la porcelanosa Isabel del brazo. Aquel ministro de Felipe cabreó al sindicalismo ochentero, que no se fiaba de su meteórica carrera de burócrata, medio banquero y seductor monetarista, lo cual, pese a lo que pueda parecer, nada tiene que ver con el vicio de los burdeles.

En los últimos años, semiretirados ambos de los photocalls, la tersa Isabel no ha hecho sino cuidar de su marido, y con cada nieto una portada. ¿Qué iba a hacer Boyer lejos de la cosa pública? Dejarse cuidar, dormitar en los brazos de Isabel, disfrutar de las habilidades de Isabel. Y eso, amigos, es la estabilidad. Deseamos desde aquí que sean estables muchos años más y que dejen la felicidad a sus hijos, para que puedan vivir también su particular verano en Marbella.

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