viernes, 4 de mayo de 2012

La Monarquía de siempre

Empezamos a perder la Monarquía por culpa del amor y hoy lo único que nos queda de ella es la silueta aristocrática y altiva de Marichalar, circunspecto heredero de un linaje superior de cazadores libres, penúltimo eslabón de aquellas familias cuyos pintores de cámara disimulaban, bajo su fino pincel, lo que ahora oculta el hermetismo de los gabinetes de prensa. Mientras Marichalar pasea su triste y decadente figura por Madrid, Froilán, borbonazo pleno de sangre y fuego, perpetúa la raza abuelizándose un poco, conformando una última esperanza para los nostálgicos de esa realeza que, como siempre, vive y caza sin disculparse.