martes, 31 de enero de 2012

La eterna aspirante

alberto gordo
Se presentó de nuevo, cada vez más fastuoso, pero ya un rato antes andaban los cenizos sacándole pegas al diseño. "Madrid 2020 ya tiene imagen", rezaron luego las crónicas; así, mintiendo, porque la única imagen olímpica de Madrid está ahora poniendo patas arriba la Justicia. Parece el objeto un llavero de la tómbola, colorido, resultón y un pelín cursi. Tanto es así que una empresa de muñecos gays ya se ha apresurado a reivindicar la cosa. Nos obliga el símbolo a imaginar un muestrario de chanclas o la puerta de Alcalá, la cresta de colores rematando ese Madríd acentuado con optimismo que implora una oportunidad, ahora o dentro de 20.000 años.
Se presentó de nuevo, cada vez más fastuoso, pero ya un rato antes andaban los cenizos sacándole pegas al diseño. "Madrid 2020 ya tiene imagen", rezaron luego las crónicas; así, mintiendo, porque la única imagen olímpica de Madrid está ahora poniendo patas arriba la Justicia. Parece el objeto un llavero de la tómbola, colorido, resultón y un pelín cursi. Tanto es así que una empresa de muñecos gays ya se ha apresurado a reivindicar la cosa. Nos obliga el símbolo a imaginar un muestrario de chanclas o la puerta de Alcalá, la cresta de colores rematando ese Madríd acentuado con optimismo que implora una oportunidad, ahora o dentro de 20.000 años.


(Publicado en La Gaceta el 31/01/2012)

viernes, 27 de enero de 2012

Muévame aquí esos canarios


Valdemorillo, a tiro de piedra de El Escorial -para que ustedes se sitúen-, tenía un sheriff -mucho más guapo que el de Coslada- que lo mismo echaba 900 euros de gasolina al coche que mataba la tarde metido en un burdel, todo con la ligereza de cierto juez estrellado o de un Francisco Guerrero cualquiera. Tuvo que venir la tele a destronarlo, materializando el sueño nada romántico de aquellos que hubiesen matado por ver a Camps entre rejas. Cuando purgue sus pecados, Paulino siempre podrá volver a esa tele pidiendo que le entrevisten, porque la corrupción en España no es ninguna broma y uno puede acabar incluso haciéndose rico. El pueblo, que no es tonto, valora mucho el talento y este lo tenía para, entre otras cosas, vender los puntos del carné por Internet. Su debilidad, sin embargo, era el exotismo animal, con el que tramaba la trama -que diría Pombo- entre frases fascinantes: "Yo al año muevo 5.000 canarios, ¿vale?".


(Publicado en La GACETA el 27/01/2012)

jueves, 26 de enero de 2012

Guillermo Cabrera Infante: el juego es el jugo




Si encuentras anglicismos, corrector de pruebas que no apruebas, no los toques: así es mi prosa. Déjenlos ahí quietos en la página. No los muevan, que no se muevan. Después de todo, está narración está escrita en Inglaterra, donde he vivido más de treinta años. Una vida, como diría mi tocayo Guy de Maupassant, en passant. De mot passant (La ninfa inconstante)

Mi obsesión con Guillermo Cabrera Infante (Gibara, Cuba, 22 de abril de 1929 — Londres, 21 de febrero de 2005) nació de la lectura de un librito ligero y cotilla de esos que escribe Juan Cruz de vez en cuando. Entre loas más o menos descaradas a sus autores de juventud, el ex editor de Santillana nos recomendaba como condición indispensable para la vida la lectura de Rayuela y de Tres Tristes Tigres (TTT), lo cual iba muy en su línea editorial, eminentemente hispanoamericana. Uno, que a Cortázar ya lo tenía aprendido, se tiró a las librerías a por la edición más barata que hubiese de TTT, que resultó ser una de Seix Barral, presto a descubrir, con pueril inconsistencia, lo que en su día había moldeado el alma del singular comentarista cultural canario. Recuerdo que mientras leía a Cabrera viví algo parecido a una conmoción; estuve un año entero leyéndolo solo a él, como un adolescente enamorado, soñando estúpidamente con sus paronomasias y aliteraciones hasta llegar a intentar colarlas, para desesperación de mi jefa, en los artículos económicos que escribía entonces.

martes, 17 de enero de 2012

Fraga

Escribo con retraso sobre el finado porque no le conocía y, además de escarbar en mis escasos recuerdos -todos manipulados y parciales-, he tenido que leer con detenimiento para ver quién era ese hombre en realidad. 

De Fraga, santa injusticia, uno no conserva la imagen de aquel joven con traje marinero blanco como de Oficial y caballero, servil con el de la mano blanda, sino la del anciano decrépito al que tenían que subtitular como si en su extrema decadencia ya no hablase nuestro idioma y se dedicase a balbucear en lenguas muertas.

Siempre lo ví como un Tierno de derechas. Si uno era enrollado, el otro arisco; si uno se hacía la foto al lado de una vedette destetada, el otro se destetaba directamente y se metía en el agua e incluso, si estaba de buen humor, pedía que le disparasen. Si Tierno gritaba ¡a colocarse!, Fraga bramaba ¡a por ellos!, adelantando ese españolismo deportivo que en el de Perbes se replegó con su figura hasta la esquina galaica. 

A mí Fraga nunca me cayó mal del todo, aunque bien es verdad que cuando yo nací él era ya un personaje lejano que, cosas de la Logse, nunca se preocuparon de enseñarme. Asistía divertido a sus simpáticas salidas de tono, sobre todo porque contribuían a la crispación interna del PP, y no hay nada más entretenido que un partido revuelto. Creo que pudo forrarse en el tardofranquismo, cuando liquidaron la empresa los dinosaurios de entonces, y no lo hizo, algo de agradecer visto el telediario de hace un rato.

Fue el protector del yerno de Utrera Molina (ese hombre como del Pleistoceno), que a su vez protegió a la esposa de Aznar, que a su vez nos protege ahora, boina mediante, para que no declaren nuestra querida ciudad en bancarrota y nos vayamos todos a tomar por el culo. Pero me parecería tan pueril culpar de ello a Fraga como imaginar que lo suyo fue por puro amor al servicio público y no, como dice Jabois, fruto de una obsesión enfermiza por mantenerse en el poder.

Fraga hubiese fulminado a manotazos a cada una de las moscas comunistas de Fernández Florez, a quien seguro leyó, porque si algo había que no soportase el viejo era la rebelión.

En un tuit leo que una periodista le introdujo un día una pregunta así:

-Señor Fraga, si estuviese usted en Cuba…

-Señorita -repuso don Manuel-, si estuviese yo en Cuba, sería Fidel Castro.

Fraga detestaba tanto la rebelión que se hubiera hecho comunista para sofocarla, que es una forma como otra cualquiera de disculpar a su pupilo Verstrynge

A golpe de funeral vamos pasando la página de nuestros años movidos, los del enfrentamiento mortal entre el facherío iracundo y la progresía almibarada, hoy ambos en proceso de integración solamente para que el cambio se sirva pausado y, en ocasiones, hasta aburrido. 

sábado, 14 de enero de 2012

Franco visto por Umbral

                                                                                 Franco y Millán Astray recitan a Foxá

                                                                                               Francisco Umbral
Leyenda del César Visionario
Francisco Umbral
Seix Barral, 1991


No hay mujeres, solo putas y novicias que son putas, y putas que quieren ser monjas. No hay hombres, sino muñecos cuyos cerebros han sido devastados por una estética fabulosa, la de los totalitarismos europeos, hueca de ideas y personas. Hay un Caudillo, mezquino e incapaz, y un grupo de nostálgicos de José Antonio, el de la tertulia de los falangistas liberales, ese contradiós conceptuoso.

En un Burgos salmantino de tedio y plateresco, en una Salamanca burgalesa de plata fría, Francisco Franco Bahamonde, dictador de mesa camilla, merienda chocolate con soconusco y firma sentencias de muerte.

El Ausente viene a representar aquello que le falta al César, incluidas belleza y frescura. Se sienta a la mesa con los falangistas de primera hora, los laínes y ridruejos (Franco tiende a pluralizar determinados apellidos peyorativamente: los aznares, los laínes), que quieren teorizar sobre la Raza a partir de una guerra dirigida por un personaje ridículo, ni siquiera un estadista más allá del facilón divide y vencerás, sin ningún plan que no sea el de retrasar la entrada en Madrid para limpiar a fondo España.

-La limpieza se hace mejor en la guerra que en la paz.

Y mientras tanto, en su locura africana y medieval, Franco aplaca el mito del Ausente (que se aparece en los campos castellanos, camisa negra raída y ligereza adolescente) y silencia el caso Mola, a quien mataría sino fuera cierta su muerte.

El fascismo no es sino la reconversión épica de la mediocridad general de las clases medias, los funcionarios y los abogadillos, con protagonismo individual (o así lo parece) para cada uno, siempre dentro de la explicada estética de las multitudes.

De los fascismos europeos –Hitler, Mussolini- sólo la anulación del Yo le atrae a Franco. El resto le repugna, no cree en las grandes concentraciones si estas no son espontaneas alrededor de una plaza donde él, sencillo, saldrá meneando blanda su mano en el balcón del Ayuntamiento, para sentarse después en el sillón del alcalde, fusilado días antes por rojo.

No le gustan los partidos, pero accede finalmente a formar uno, el único (Iglesia, Ejército, Falange, Monarquía) y coloca allí a los mediocres, los asegundados, caídos ya en desgracia los de la tertulia liberal, que no republicana, pues esos ya fueron fusilados, sus cabezas coronando las picotas, clavadas en palos cubiertos de sangre.

-Serrano, Laín, Rosales, Ridruejo, Vivanco, Foxá y los otros se reúnen más que nunca, y beben más que nunca, en el Novelty, hasta el alba. Serrano y Ridruejo ya están fraguando su dimisión. Laín es más cobarde y, tan bizarro, anda como agachado por dentro.

Torrente Ballester anda distraído y esperanzado con la vuelta de los teatros después de la Victoria. Ridruejo y los demás, escribe Umbral, destacan en el vacío que ha dejado la huida y el exilio de los de la Generación del 27. Bueno, Ridruejo no, pero sí el impresor fascista Giménez Caballero, chivato y mal poeta, escritorzuelo con pretensiones.

-Ortega y Marañón son ilustres porque se lo llaman a sí mismos –dice el Caudillo.

Por eso, venga D´Ors, que escribe en los cafés pequeñas hagiografías que comienzan barrocas y se extienden insufribles por los periódicos nacionales, dedicadas a los popes del Movimiento, a gente como Eugenio Montes (Tiene la calidad de alfil blanco en una ajedrez intacto de marfil) y al mismísimo Franco, quien, según Foxá, no la entendió y tuvo que llamar a D´Ors para que se la explicase.

La glosa a Franco comenzaba así:

¿Llegarán a olvidarse episodios, sentimientos, nombres mantenidos en dramática rivalidad durante años y que, al estallar, se pudieran creer clavados para siempre en el alma colectiva como en la individual? 

Hay en la novela de Umbral un falangista maricón, Víctor, que solo se atreve a besar a su efebo cuando este yace a sus pies con un tiro en la nuca. Lo mató para besarle.

Y beso a beso, el autor va descendiendo hasta ese sexo sórdido que tanto le molesta a Pérez-Reverte.

-Qué puta me has salido, novicia.

-Y te diré una cosa, eso de fornicar con un hombre sucio, lleno de piojos y de mierda, sin afeitar, es como tirarse a un santo. A la hora de follar ya no distingo entre los santos y los presos. Yo diría que tenemos todo el santoral ahí abajo, en vivo. Aquello, tú ya lo has visto, sí que es el Año Cristiano.

Y así, los jóvenes fornifollan y se mordisquean como locos, en los sótanos y en las despensas, en las celdas de los monasterios.

Franco:

-De una vez por todas, Ramón. Yo no soy fascista.

Y no lo era. Era franquista, militarista, vagamente borbónico y un poco cursi.

viernes, 13 de enero de 2012

Adiós a las armas

Uno se acostumbró a verlos batallar tras las pancartas y ayer, cuando se les aflautaba la voz en la Consejería, percibió en los sindicatos un síntoma clarísimo del cambio. Ahora que el socialismo anda al navajeo y la refundación, es lógico que su brazo armado se revuelva sobre sus principios y abjure del griterío.
Era la tercera vez que se les convocaba –la primera que acudían– y, aunque de la reunión salió más bien poco, se les vio contentos como niños sin clase, quizá por llevar la contraria a aquella ministra italiana que optó por la vía del llanto. Los sindicatos siempre han preferido el pataleo. Es lo que tiene el recorte, que admite interpretaciones y puede llamarse incluso reestructuración.
Es sólo una cuestión de estilo.

Publicado en La Gaceta el 13/01/2012

martes, 10 de enero de 2012

Los intelectuales de Franco

Serrano Súñer se pone en pie:
-Ante el mundo, el otro bando es el de los intelectuales. Ante el mundo, esta es una guerra de intelectuales contra sargentos. Y eso tenemos que remediarlo nosotros con una filosofía de la Patria y de la Raza, porque además la tenemos.
-Gracias a Hitler y Mussolini -se aventura Foxá.
-Agustín, te deseo mejor porvenir en la diplomacia y la gastronomía que en la política -se despide Serrano.
-Te has olvidado de las mujeres -rubrica Foxá, en alusión cínica y wildeana a su proclamada y áurea cornamenta, que es una cosa encandelabrada de la que él presume por elevación.
(...)
Lo cuenta Foxá:
-Cuando al Caudillo le pasaron la terna para elegir secretario general del Movimiento, sacó a Fernández Cuesta, ¿no? Alguien le dijo, quizá yo: Excelencia ha elegido usted al más tonto: "Por eso", me dijo. Quiere borrar la memoria de José Antonio, no de los moros y los africanistas. Entre otras cosas porque en África se come fatal.

Leyenda del César Visionario

sábado, 7 de enero de 2012

Carme contra Carme

Los niños ya lloran cuando ven la cara de De Guindos en la tele, aunque sea Soraya la que habla y Montoro, que parece el gracioso de una comedia barroca, el que puntualiza. Un compañero me dijo que su primo pequeño asocia la cara de De Guindos con la cólera del Padre. “Papá se enfada cuando le ve y tira los platos”, le susurró un día el chaval. Por lo visto, Manuel, que así se llama el tío de mi confidente, arroja invariablemente su recién adquirido carné del PP por la ventana y, pasados unos minutos, se baja a recogerlo. Y así lleva desde antes de Navidad. De Guindos ya evoca la imagen del demonio, pero es un demonio momentáneo que recobra su aura angelical cuando en el telediario pasan a otra cosa.

La otra cosa se llama Carme, una joven catalana que ahora juega a ser mayor como ese niño que se escapa de casa, se bebe una botella de ron y abjura de sus padres.

Coinciden los comentaristas en subrayar el lugar desde donde se firmaron ayer las crónicas chaconianas. Ese lugar llamado Olula del río, un nombre redondo de connotaciones africanas y rotundas. Allí se ha ido Carme a meter el dedo en el ojo a Zapatero, su valedor. Y de paso, a putear a Rubalcaba, a quien ahora odia por "inmovilista", después de haberle llamado incluso por su nombre de pila.

Alfredo.

A Chacón le aplastó el mismo aparato que la había encumbrado años antes sin méritos aparentes y, desde entonces, no hay cena en la que no le comente a Barroso lo sobrevalorada que está la inteligencia del candidato Pérez.

El clímax del disparate zapaterista, que consistía básicamente en convertir el PSOE en un páramo intelectual, en un erial llanito para que arrasase la derecha, dio con el tripón de Carme en Defensa, y digo tripón porque era lo que le interesaba a ese Gobierno gesticulante que ha dejado España en manos de un puñado de tecnócratas de la pelea. Reconozco mi pecado ahora, pues fui de los que me descojonaba cuando a Chacón se le ponía la voz aquella de roedor recién aplastado y gritaba Viva España para el cuello de la camisa. Pero, oiga, que a mí nadie me explicó cuál era su verdadero cometido.

-Escogí Olula porque todo el mundo sabe que Andalucía es el corazón del Partido Socialista -dijo Carme en el pueblo de Baltasar, su padre.

Es entonces cuando uno piensa, con perdón, en todos aquellos socialistas que votan por convicciones y no por subvenciones, algunos de ellos incluso de Madrid para arriba.

-España es hoy más plural -me dice un amigo.

Y Zapatero es de derechas. Concretamente de Rajoy, ese socialdemócrata con posibles.

Pero Chacón es fea y, aunque esto no debería ser argumento de nada, es lo único que la separa de la dulce Aído, esa otra perla de la cantera, guapa, guapísima, abanderada de esa vergüenza infinita de ministros y principio del fin de un partido, del que se levantó en Asturias en 1934 y que luego, con Felipe, modernizó este puto país.

Carme levantaba la rosa y uno esperaba ansioso que se la pusiese en la solapa y soltase un zapateao, demostrando así que en Esplugas no olvidan sus raíces y de paso, que el suyo es un partido nacional.

-Me presento porque tengo ganas de levantar el partido -afirmó con la superioridad de un Durán cuando habla del sur, como si en Olula, pueblo renegrío, se fuesen a creer que lo suyo ha sido un ataque de heroísmo.


martes, 3 de enero de 2012

Votar y no cobrar

Lo de no pagar es una licencia cuyo uso disfruta en exclusividad la Administración, esa empresa en la que, dicen, empiezan a sobrar despachos. Imaginen si no al parado que acumulaba cartas del banco bajo el colchón, ocultándoselas a su esposa; piensen en el barullo de lecheras e indignados que, pasado un tiempo, se forma frente a su puerta. El ayuntamiento del pupilo de Tomás utiliza esa bula con un desparpajo propio del folclore cañí, como si el saqueo, por ser público, tuviese cierto glamour costumbrista. Pero el deudor ni canta ni baila y se conoce que Parla, microcosmos de la ruina global cuyo epicentro –nos cuenta Zapatero– está en Lehman, es como Madrid y España, un caos de funcionarios y pymes que se odian entre sí, un lugar donde el autónomo vota, pero no cobra.

Publicado en La Gaceta el 04/01/2012