lunes, 17 de diciembre de 2012

Un viaje insoportable

Publicado en LA GACETA el 17/12/2012

Comienza en la verde Comarca, con el viejo Bilbo Bolsón haciendo inventario de su vida en un pergamino. Se dirige, con letra enroscada, a su intrépido sobrino, porque aquí las historias avanzan así, merced a esa dialéctica afectada, casi bíblica, entre Frodo y Bilbo. Se quiso que la primera parte de El Hobbit fuera graciosa, costumbrista, con estas pacíficas criaturas, recelosas de aventurarse más allá de Hobitton, puestas en el brete de siempre, que es el de irse a morir por gente a la que ni conocen. Esta vez parten a la Montaña Solitaria (The Lonely Mountain, en el mapa), antiguo reino de los enanos que sucumbió al “dragón escupefuego”.

La película es como las otras, solo que peor. Más repetitiva, mareante y vertiginosa, salteada de tramas accesorias, prescindibles, hasta el punto de que a uno le dan ganas de gritar, zarandeando al acomodador, aquello de C. S Lewis cuando leyó a Tolkien: “¡Oh, no! ¡No otro elfo de mierda!”

Nueva Zelanda está bonita, y poco más se puede decir, pues cuando se ponen líricos contando viejas batallas dejan perlas realmente sonrojantes: “Lo enterraron en una tumba tan oscura… que jamás vería la luz”.

Hay, claro, parada de rigor en Rivendel, adonde van siempre a ducharse, y sale Golum un rato –como 15 minutos- a recitar de corrido media docena de acertijos, estomagándonos a todos con su sola presencia. A la enésima vez que se quedan colgando en un precipicio, cuando llevábamos ya como dos horas y media de película, por fin se despeñan todos, pero es entonces cuando viene un pájaro y los salva, posándoles luego en una cima inhóspita, inaccesible, aún muy lejos de su destino.

-¿Y por qué no les acerca ya hasta la montaña esa y nos ahorramos las otras dos partes? –me susurra un amigo que tenía al lado.

El Hobbit, en definitiva, es una película para ver solo en el caso de que no puedan ser ustedes persuadidos para ver otra cosa. Yo fui por esa razón, sin intención alguna de escribir sobre ello, así que perdónenme la vehemencia, pero es que tenía que advertirles.

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