domingo, 23 de diciembre de 2012

Lo que trae el Gordo

Publicado en LA GACETA EL 23/12/2012

Los niños cantores de San Ildefonso volvieron ayer a repartir alegría, aunque como todo el mundo sabe son muchos más los que se quedan que los que se van, por aplicar el tópico mortuorio a lo que ocurre en los barrios pobres cuando cae el Gordo. Los medios agotan los telediarios, colman los apetitos de fama de los agraciados, pero ningún reportero vuelve a ver a los dueños del bar Manolo años después, cuando estos nuevos millonarios, incapaces de asumir un éxito inmerecido, una ganancia obscena y maldita, probablemente hayan perdido a su familia y amigos y estén con una brasileña de 1,80 fundiéndoselo todo en algún lugar diabólico de la costa levantina.

Las ganadoras, en cambio, mujeres gruesas en su mayoría, suelen elegir Latinoamérica, adonde van en busca de emociones fuertes. Mujeres muy bien vestidas, exageradamente adornadas y con cardados imposibles. Mujeres, además, que no hacen dieta, porque trajeron del barrio una complexión muy concreta, esculpida a base de años, y lucen sus carnes con el orgullo con que pasearon aquí los del pelotazo el cuatro por cuatro.

–Nada, ¡ni un duro! –se quejaba ayer la madre de Ismael, el niño que cantó el Gordo, no en referencia a su mala suerte, sino a la pérdida de una tradición española que amenaza con poner a los chavales de San Ildefonso en huelga. Por lo visto, al niño que cantaba el premio mayor se le pagaban los estudios y a este Ismael, que cantó el Gordo y no sé cuántos premios colindantes más, sólo le harán insulsas entrevistas para que celebre la felicidad ajena.

–Ismael tiene estrella, eso está claro –nos decía Leila, la vidente de Antena 3, ahondando aún más en el drama del chaval.

Yo apenas aguanté cinco minutos viendo el sorteo y luego he evitado poner cualquier telediario, pues cuando veo a todas esas pobres gentes celebrando semejante meada de dinero me entra un temblor extraño que me recuerda lo que sentía yo cuando mi madre me daba 20 euros para salir el sábado. Yo con aquel dinero tenía mucho peligro, así que no quiero ni pensar en lo que haría con tantos millones en el banco.

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