domingo, 16 de diciembre de 2012

La verdad de Karmele


Publicado en LA GACETA el 16/12/2012

Locke dejó escrito que los ateos debían ser apartados del Gobierno, pues jurar el cargo para ellos no significaba nada. Este problema de sinceridad podría resolverse hoy con el polígrafo, invento que se puso de moda para maniatar el relativismo de los contertulios y al que se sometió Karmele en el último Deluxe. La expresión performativa del juramento, tradicionalmente eludida tirando de promesa, ha quedado recluida en el ámbito privado y abstracto de la fe, por definición revestida de verdad. Si un ateo quiere que lo tomen en serio, por tanto, ha de enchufarse al aparato, y a veces ni por esas. 

Karmele, aunque se declaró agnóstica, citó a Dios al hablar de su ruina, ante lo cual Patiño, cada vez más cerca de ofrecernos el estallido de sus ganglios, reaccionó airada:

-¡Cómo puedes tú hablar de ruina cuando estás aquí haciendo caja! -le gritó, echando mano del paro institucionalizado que tenemos.

Vino a poner paz Raquel Bollo –Rebollo, la llamaría luego Blanca de Borbón, que había ido allí a desprenderse de su apellido-, con Jorge Javier la más sensata de la noche, recordando que la ruina, más que de los ingresos, depende del equilibrio en la cuenta de explotación de cada uno. La economía doméstica, utilizada por Rajoy para ganar las elecciones, el humanismo empresarial, utilizado por Cebrián para suceder a Polanco, se vieron ayer en el rostro circunspecto de la Marchante. La mujer debe más de 30.000 euros por querellas perdidas y ni siquiera, dijo, tiene la casa pagada. Sobre la hipoteca de Karmele se generó después un debate absurdo que a punto estuvo de mandarme a la cama, pues a mí lo que menos me gusta del Deluxe es que se pierdan en alusiones privadas y confidencias. ¿Cómo sé yo si Karmele le llamó a Mariñas “maricona sidosa” si no estaba en aquel camerino? 

Lo cierto es que frente al polígrafo prevalece siempre la versión de todos menos la de Lydia Lozano, un poco ninguneada desde lo de la hija de Albano. A Karmele tampoco se la creen mucho, aunque nadie se escandalizó cuando reconoció ir a orgías donde la gente se droga. Ese era su único vicio y lo confesó como quien confiesa al endocrino que no puede pasar sin la cañita de antes de comer.

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