lunes, 10 de diciembre de 2012

Días de cine

Publicado en LA GACETA el 10/12/2012


Ante la imposibilidad de disfrutar de El gran debate, el sábado adelanté mi rato de tele y puse La 2 para matar el tiempo con Días de Cine. Este fantástico programa hace reportajes con punto de vista, que es como nos decían en la carrera que había que abordar el género, tratando de hacer una distinción, incomprensible entonces, entre la opinión y el enfoque.
    Uno entendió con los años, quizá demasiado tarde, aquella norma reporteril, ese sutilísimo matiz cuyas utilidades son aprovechadas hábilmente por este programa de estrenos, que nos ofrece así unas críticas taimadas, algo tenues, muy socorridas para el espectador.
Ayer hablaban de Luis Tosar, que en su última película hace del campesino colombiano que cuidó al hijo que Clara Rojas tuvo mientras se encontraba secuestrada por las FARC. Salió también el original selvático, Crisanto, al que habían puesto traje y camisa granate y parecía un concursante de Perdidos en la ciudad.
    Yo de todas las películas de Tosar, que siempre está un poco Malamadre, recuerdo con temblor una en la que cada noche le iba a respirar a Marta Etura bajo la cama. La cinta, siendo magnífica, era sobre todo un despliegue del actor, que estaba seco, cruel e infrahumano.
    En Días de Cine intercalan además referencias a los clásicos; el programa contextualiza, filtra y da datos que luego son muy útiles, aunque sea para comentar entre amigos. Ayer por ejemplo me enteré de que mi secuencia favorita de siempre pertenece a una vieja película titulada Ámame esta noche, que el periodista llamó, por equivocación, Ámame diferente, sustituyendo el cuándo por el cómo y dando de paso en la clave del amor.
    Muestra un amanecer en la ciudad de París, cuando el cine sonoro era todavía un invento resbaladizo. Mientras sale el sol, en silencio, tiñendo de blanco la calle, un ciclista circula por Saint Michel, una señora barre su portal, pasa un automóvil y se van oyendo ruidos, los primeros golpes del trabajo.
Era el desperezo de París coreografiado por el sol, pero también el amanecer del ruido televisivo, ese que yo el sábado sustituí felizmente por el cine.

1 comentario:

  1. Está usted equivocado respecto al hombre en el que se inspira el personaje de Tosar. No es un indígena recién salido de la selva, como insinúa usted con tanto paternalismo. Es un hombre que ha estudiado y ha vivido mucho, y si lleva traje y corbata será porque le gusta.

    ResponderEliminar