lunes, 15 de octubre de 2012

La vuelta a casa de William Munny



(Publicado en LA GACETA el 15/10/2012)



Clint Eastwood, nacido en San Francisco hace ahora 82 años, llegó a Hollywood en 1953 para rodar una película mediocre –o directamente mala– llamada El regreso del monstruo. Los hay que defienden, incluso, que la trilogía italoamericana del dólar, que él hizo a cambio de 15.000 dólares y un pasaje en clase turista, es parte de un género menor. Pero lo cierto es que Sergio Leone lo puso en el mapa y de él, dice Eastwood, lo aprendió casi todo. De hecho le dedicó Sin perdón, la mejor de sus creaciones a tenor de la crítica internacional.

Escribir acerca de este viejo americano pálido y seco a golpe de conmemoración puede resultar peligroso, por repetitivo, pero es que se cumplen 20 años desde que el cowboy de California nos regalara la Gran Película Norteamericana de la posmodernidad, y encima bajo el canon clásico del desierto. Sin perdón es la prodigiosa vuelta al western de América, el epílogo formidable a la historia de un país entero. En el homérico regreso del Maverick a su lugar natural, al de la
justicia por la gracia violenta del ojo por ojo, se encierra el esfuerzo de un director enfadado con la contemporaneidad que exige volver a los viejos modos de narrar. William Munny es el vaquero crepuscular por antonomasia: rudo,  entristecido, ajado, recorrido el rostro por hondos surcos esculpidos por el sol  ofensivo del Oeste. Se trata del hombre tranquilo –o cansado– en cuya mirada nublada por el polvo de una diligencia intuimos cada una de sus tentativas con la muerte.

Tras varios intentos posteriores, tuvo que ser un español, Mateo Gil, el que casi 20 años después volviera a inscribir el sufrimiento rural y terrible del viejo forajido en los ojos de su Cassidy boliviano. O mejor dicho, hubo de ser Sam Shepard quien volviese a mirar del mismo modo que Clint.

Sin perdón fue un fogonazo genial, una especie de resurrección momentánea que no sirvió sin embargo para dar impulso a un nuevo western flamante y reciclado. Quizás la necesidad de agilizar -y aligerar- las producciones haya sido la única causa del declive de un género que, como el novelón decimonónico, no va nada bien con el signo de un tiempo vertiginoso. O quizás dotar de un nuevo tempo a la llegada de un forastero sea simplemente una falta de educación. A nadie le interesan ya los duelos al sol ni las conversaciones  nihilistas alrededor de una hoguera, de noche, en el descanso merecido de una huida en la que perseguidor y perseguido se llevan seis días de distancia.

Un hombre malo
Puede que Manny no sea más que un retrato del Eastwood no oficial, imagen en la que a menudo el indiscutible genio del director es enturbiado por su fama de hombre malo. De él se ha dicho que es tosco, tacaño, violento y mujeriego,  tesis esta última que se apoya en el hecho de que haya tenido siete hijos de cinco mujeres distintas. Pero llegados a este punto, uno no puede evitar preguntarse cómo un hombre así pudo definir la sensibilidad tardía de Frankie Dunn, el entrenador de Million Dollar Baby, delimitar el mal con tanta dulzura –una  amargura dulce, ya me entienden– como en Mystic River, trazar el mapa de la penitencia y la reparación como lo hizo en Sin perdón. Aquí podríamos decir, con Gide, que de los malos sentimientos nace la buena literatura, pero es que Eastwood no escribe sus guiones: se limita a hacerlos verosímiles. Y filma sobre historias que tampoco son para tanto.

El último Clint se parece aún más a Manny, es solitario y cascarrabias, nada partidario de los cambios bruscos ni de la excesiva intervención del Estado en sus asuntos. Hace unos semanas le soltó una diatriba tremenda a un Barack Obama imaginario en el que a uno se le  representaba otro de sus personajes diciendo aquello de que el jardín es mío, como la casa y la escopeta que tengo en mis manos. Estamos, en definitiva, ante el carácter rotundo de un hombre que viene manteniéndose como un equilibrista en la estrecha cuerda de los tipos duros, así sea un viejo boxeador retirado, un policía, un forajido o un arrepentido sicario en sus últimos días.

No hay comentarios:

Publicar un comentario