viernes, 27 de enero de 2012

Muévame aquí esos canarios


Valdemorillo, a tiro de piedra de El Escorial -para que ustedes se sitúen-, tenía un sheriff -mucho más guapo que el de Coslada- que lo mismo echaba 900 euros de gasolina al coche que mataba la tarde metido en un burdel, todo con la ligereza de cierto juez estrellado o de un Francisco Guerrero cualquiera. Tuvo que venir la tele a destronarlo, materializando el sueño nada romántico de aquellos que hubiesen matado por ver a Camps entre rejas. Cuando purgue sus pecados, Paulino siempre podrá volver a esa tele pidiendo que le entrevisten, porque la corrupción en España no es ninguna broma y uno puede acabar incluso haciéndose rico. El pueblo, que no es tonto, valora mucho el talento y este lo tenía para, entre otras cosas, vender los puntos del carné por Internet. Su debilidad, sin embargo, era el exotismo animal, con el que tramaba la trama -que diría Pombo- entre frases fascinantes: "Yo al año muevo 5.000 canarios, ¿vale?".


(Publicado en La GACETA el 27/01/2012)

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