martes, 31 de enero de 2012

La eterna aspirante

alberto gordo
Se presentó de nuevo, cada vez más fastuoso, pero ya un rato antes andaban los cenizos sacándole pegas al diseño. "Madrid 2020 ya tiene imagen", rezaron luego las crónicas; así, mintiendo, porque la única imagen olímpica de Madrid está ahora poniendo patas arriba la Justicia. Parece el objeto un llavero de la tómbola, colorido, resultón y un pelín cursi. Tanto es así que una empresa de muñecos gays ya se ha apresurado a reivindicar la cosa. Nos obliga el símbolo a imaginar un muestrario de chanclas o la puerta de Alcalá, la cresta de colores rematando ese Madríd acentuado con optimismo que implora una oportunidad, ahora o dentro de 20.000 años.
Se presentó de nuevo, cada vez más fastuoso, pero ya un rato antes andaban los cenizos sacándole pegas al diseño. "Madrid 2020 ya tiene imagen", rezaron luego las crónicas; así, mintiendo, porque la única imagen olímpica de Madrid está ahora poniendo patas arriba la Justicia. Parece el objeto un llavero de la tómbola, colorido, resultón y un pelín cursi. Tanto es así que una empresa de muñecos gays ya se ha apresurado a reivindicar la cosa. Nos obliga el símbolo a imaginar un muestrario de chanclas o la puerta de Alcalá, la cresta de colores rematando ese Madríd acentuado con optimismo que implora una oportunidad, ahora o dentro de 20.000 años.


(Publicado en La Gaceta el 31/01/2012)

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