martes, 17 de enero de 2012

Fraga

Escribo con retraso sobre el finado porque no le conocía y, además de escarbar en mis escasos recuerdos -todos manipulados y parciales-, he tenido que leer con detenimiento para ver quién era ese hombre en realidad. 

De Fraga, santa injusticia, uno no conserva la imagen de aquel joven con traje marinero blanco como de Oficial y caballero, servil con el de la mano blanda, sino la del anciano decrépito al que tenían que subtitular como si en su extrema decadencia ya no hablase nuestro idioma y se dedicase a balbucear en lenguas muertas.

Siempre lo ví como un Tierno de derechas. Si uno era enrollado, el otro arisco; si uno se hacía la foto al lado de una vedette destetada, el otro se destetaba directamente y se metía en el agua e incluso, si estaba de buen humor, pedía que le disparasen. Si Tierno gritaba ¡a colocarse!, Fraga bramaba ¡a por ellos!, adelantando ese españolismo deportivo que en el de Perbes se replegó con su figura hasta la esquina galaica. 

A mí Fraga nunca me cayó mal del todo, aunque bien es verdad que cuando yo nací él era ya un personaje lejano que, cosas de la Logse, nunca se preocuparon de enseñarme. Asistía divertido a sus simpáticas salidas de tono, sobre todo porque contribuían a la crispación interna del PP, y no hay nada más entretenido que un partido revuelto. Creo que pudo forrarse en el tardofranquismo, cuando liquidaron la empresa los dinosaurios de entonces, y no lo hizo, algo de agradecer visto el telediario de hace un rato.

Fue el protector del yerno de Utrera Molina (ese hombre como del Pleistoceno), que a su vez protegió a la esposa de Aznar, que a su vez nos protege ahora, boina mediante, para que no declaren nuestra querida ciudad en bancarrota y nos vayamos todos a tomar por el culo. Pero me parecería tan pueril culpar de ello a Fraga como imaginar que lo suyo fue por puro amor al servicio público y no, como dice Jabois, fruto de una obsesión enfermiza por mantenerse en el poder.

Fraga hubiese fulminado a manotazos a cada una de las moscas comunistas de Fernández Florez, a quien seguro leyó, porque si algo había que no soportase el viejo era la rebelión.

En un tuit leo que una periodista le introdujo un día una pregunta así:

-Señor Fraga, si estuviese usted en Cuba…

-Señorita -repuso don Manuel-, si estuviese yo en Cuba, sería Fidel Castro.

Fraga detestaba tanto la rebelión que se hubiera hecho comunista para sofocarla, que es una forma como otra cualquiera de disculpar a su pupilo Verstrynge

A golpe de funeral vamos pasando la página de nuestros años movidos, los del enfrentamiento mortal entre el facherío iracundo y la progresía almibarada, hoy ambos en proceso de integración solamente para que el cambio se sirva pausado y, en ocasiones, hasta aburrido. 

2 comentarios:

  1. Pregúntale a Ciriaco por Fraga cuando iba a Calzada montado a caballo a misa.jjajajaja, Que el diablo le tenga en su senoooooooooooo

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    1. Joder, qué bien me hubiera venido esa escena de la España profunda!

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