sábado, 7 de enero de 2012

Carme contra Carme

Los niños ya lloran cuando ven la cara de De Guindos en la tele, aunque sea Soraya la que habla y Montoro, que parece el gracioso de una comedia barroca, el que puntualiza. Un compañero me dijo que su primo pequeño asocia la cara de De Guindos con la cólera del Padre. “Papá se enfada cuando le ve y tira los platos”, le susurró un día el chaval. Por lo visto, Manuel, que así se llama el tío de mi confidente, arroja invariablemente su recién adquirido carné del PP por la ventana y, pasados unos minutos, se baja a recogerlo. Y así lleva desde antes de Navidad. De Guindos ya evoca la imagen del demonio, pero es un demonio momentáneo que recobra su aura angelical cuando en el telediario pasan a otra cosa.

La otra cosa se llama Carme, una joven catalana que ahora juega a ser mayor como ese niño que se escapa de casa, se bebe una botella de ron y abjura de sus padres.

Coinciden los comentaristas en subrayar el lugar desde donde se firmaron ayer las crónicas chaconianas. Ese lugar llamado Olula del río, un nombre redondo de connotaciones africanas y rotundas. Allí se ha ido Carme a meter el dedo en el ojo a Zapatero, su valedor. Y de paso, a putear a Rubalcaba, a quien ahora odia por "inmovilista", después de haberle llamado incluso por su nombre de pila.

Alfredo.

A Chacón le aplastó el mismo aparato que la había encumbrado años antes sin méritos aparentes y, desde entonces, no hay cena en la que no le comente a Barroso lo sobrevalorada que está la inteligencia del candidato Pérez.

El clímax del disparate zapaterista, que consistía básicamente en convertir el PSOE en un páramo intelectual, en un erial llanito para que arrasase la derecha, dio con el tripón de Carme en Defensa, y digo tripón porque era lo que le interesaba a ese Gobierno gesticulante que ha dejado España en manos de un puñado de tecnócratas de la pelea. Reconozco mi pecado ahora, pues fui de los que me descojonaba cuando a Chacón se le ponía la voz aquella de roedor recién aplastado y gritaba Viva España para el cuello de la camisa. Pero, oiga, que a mí nadie me explicó cuál era su verdadero cometido.

-Escogí Olula porque todo el mundo sabe que Andalucía es el corazón del Partido Socialista -dijo Carme en el pueblo de Baltasar, su padre.

Es entonces cuando uno piensa, con perdón, en todos aquellos socialistas que votan por convicciones y no por subvenciones, algunos de ellos incluso de Madrid para arriba.

-España es hoy más plural -me dice un amigo.

Y Zapatero es de derechas. Concretamente de Rajoy, ese socialdemócrata con posibles.

Pero Chacón es fea y, aunque esto no debería ser argumento de nada, es lo único que la separa de la dulce Aído, esa otra perla de la cantera, guapa, guapísima, abanderada de esa vergüenza infinita de ministros y principio del fin de un partido, del que se levantó en Asturias en 1934 y que luego, con Felipe, modernizó este puto país.

Carme levantaba la rosa y uno esperaba ansioso que se la pusiese en la solapa y soltase un zapateao, demostrando así que en Esplugas no olvidan sus raíces y de paso, que el suyo es un partido nacional.

-Me presento porque tengo ganas de levantar el partido -afirmó con la superioridad de un Durán cuando habla del sur, como si en Olula, pueblo renegrío, se fuesen a creer que lo suyo ha sido un ataque de heroísmo.


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