martes, 13 de diciembre de 2011

Ya nadie volverá a coger un taxi

La imagen de unos tacones que tropiezan al salir del taxi tendrá el color de las películas antiguas. El gremio, con desdén castizo, despega sobre el pueblo y, si ya era caro parar un coche, ahora es directamente aristocrático. Lo de “prefiero caminar” será tan oído que los concesionarios convocarán gabinetes de crisis. Los estudiantes de provincias rehuirán los autos blancos aleccionados sobre ese refugio de ricos que dejan propina. Se extenderán las caminatas nocturnas y se detallarán sin sonrojo al día siguiente. Viajar será más tedioso porque habrá triple y hasta cuádruple fila en el aeropuerto: los taxistas solo irán si la carrera está garantizada por ley.
Pero en las aceras repletas, eso sí, se jugará el partido de vuelta de las discotecas.

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