jueves, 1 de diciembre de 2011

El irascible pupilo de Tomás


“Lo dejó todo sin importarle. Por admiración hacia él”. El ínclito tándem Gómez- Fraile representa, además de una hermosa amistad fraguada en un limpito pupitre del colegio privado San Miguel, la cristalización de la ruina, del despotismo impreso en cada billete debido por este ayuntamiento hereditario, otrora ejemplo de la Arcadia socialista, donde el tranvía iba a ser para los parleños lo que la bici para los nórdicos: un símbolo del progreso.
A Tomás, el guapo de la pareja, le encanta que le llamen Tomás, como a González Felipe y a Castro Fidel, que son gente llana y del vulgo, ligones rodeados de palmeros solícitos. Su sucesor, en cambio, paga el pecado de ser común hasta en el nombre y, pese a llamarse José María, es conocido por Fraile.
Colérico e impulsivo, sus compañeros de partido impiden por precaución las grabaciones de los Plenos, donde una vez este ingeniero técnico aeronáutico, nacido en 1967, terminó increpando
a su compañero de partido Mariano Fernández. “Hubo debate”, diría luego el alcalde, quien hace 12 años aparcó el diseño de Eurofighters para hacer lo propio con las untuosas arcas públicas de su ciudad, cuando el tomasismo endomingaba las calles con créditos dorados.
En la universidad pulió su perfil de chico listo y empollón, y los que han trabajado con él lo recuerdan sentencioso; 20 años después de afiliarse al PSOE, la insoportable levedad de la política ha obrado en su mente el milagro de borrar cualquier rasgo academicista. Una transformación pareja a la de aquel sindicalista que fue médico, pero cuyos conocimientos se fueron esfumando a lo largo de los 15 años que estuvo batallando tras las pancartas.
Entre 1999 y 2008 se solazó en el amor y el lujo; Tomás le cogía de la mano y ambos levitaban por Parla, tocando el paraíso dantesco sin haber penado antes en el infierno. Años en los que Fraile despachaba entre papeles milimetradas sonrisas, “correcto pero algo huraño”, mientras Tomás estrechaba manos y aupaba enérgicamente la suya en auditorios repletos, donde era piropeado como si fuese un muerto.
“Estuvo demasiado tiempo en un segundo plano. Él es muy introvertido, y por eso se refugia en un carácter tan duro”, dicen los que lo conocen. Porque la sombra de Tomás es como la del
ciprés de Delibes; y bella y atractiva para esas ancianas que le votaban tras ver lo bien que le quedaban los trajes. Fraile es tan tímido que, entre la pasta negra de sus remozadas gafas, anda
mirando amenazante a los lados a ver quién osa gritarle: “¡Jorge Javier!”, y luego, crueles, echan a correr porque saben que le jode. Ni siquiera hizo falta un ultraje de ese calibre para que el irascible José María empujase, insultase y amenazase en 2006 a Eugenio Santos, concejal de
IU, a quien debió de decir, beodo de furia, lo mismo que a Sánchez un lustro después: “¡Idiota, te vas a reír de tu puta madre!”.
En Parla se ha pasado del “alcalde más votado de España”, ese grito de guerra con que se presentaba al invicto Gómez antes de cada mitin, al “Se va a acabar la dictadura de Tomás”, el festivo cántico de los que esperaban al ex regidor a las puertas del Auditorio Juan Barranco el
pasado domingo. Y a la sombra, temeroso, el abnegado Fraile. Apretando los labios con el ahogo del que se siente ninguneado.


Publicado en La Gaceta el 20/11/2011

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