jueves, 1 de diciembre de 2011

Bienvenidos a nuestra República Independiente


alberto gordo
"No creo que ocupemos el albéniz. Sería crispar el ambiente. De hecho, un tercio de nosotros votamos en contra en la asamblea. lo importante es que, hasta que nos echen, hagamos cosas". El que habla es uno de los indignados apostado en la puerta del Hotel Madrid. ¿Qué cosas son esas? "Mira, sube, sube, hay hasta una Universidad Popular". El 10 de la calle Carretas es un edificio elegante que esconde un interior amplio e iluminado, de suelos enmoquetados, cuya escalera central va distribuyéndose por las distintas plantas, encerrando en el hueco uno de esos ascensores de metal cansados de cumplir años. a la entrada, un joven cuya voz recuerda a la de aquellos locutores que fumaban sin parar antes de entrar en antena, pasa el aspirador y comenta en alto con otro: "lo importante es la apariencia, tío. Yo, si tengo una entrevista de trabajo, me plancho el lacoste y allá que voy". En la primera planta, un grupo de activistas desayunan; es la una del mediodía y urge coger fuerzas para lo que resta de día, que ya no es tanto. En el Departamento de Comunicación, una habitación de cuya puerta cuelgan una serie de avisos y algún artículo de El País, aún no ha amanecido. Con la confianza aún titubeante del que acaba de ser erigido en algo que no le corresponde, uno de los presentes recalca, para quien lo quiera escuchar, la necesidad que había de ocupar "algo". ¿Y por qué ese hotel? Porque los indignados lo consideran un ejemplo de la ruina capitalista, ya que tanto ese edificio como el del albéniz, pertenecen a la inmobiliaria Monteverde, hoy en concurso de acreedores. Unas 25 personas duermen allí y pretenden hacerlo hasta dentro de dos meses, fecha en la cual, calculan, llegará el desalojo. la situación trae de cabeza a artistas y organizaciones culturales próximas -o directamente integradas- en el 15-M, ante el miedo a que ocupen el Teatro albéniz. En este lío más de uno se juega su credibilidad: la Plataforma por la Defensa del Teatro albéniz, de la que forma parte, entre otros, Pilar Bardem, ha caminado hasta ahora del brazo del 15-M, por lo que su corazón amaneció dividido el día en que los okupas hicieron un butrón y se colaron en el patio de butacas del histórico teatro. Eso cristalizó en un plante entre artistas y radicales en la primera de las asambleas dedicadas al asunto, la del pasado jueves. Eva aladro, líder de los que defienden el teatro, calificaba ayer de "pseudoestalinistas" a los okupas, y aseguraba que no eran del 15-M. Puede que sea este el germen del enfrentamiento que sucede a toda revuelta utópica; ya se sabe: los métodos, el uso de la violencia... y de ahí que empiecen a surgir tics autoritarios que pasan por ignorar lo resuelto en las antes sacralizadas asambleas, órgano soberano de la rimbombante democracia sin jerarquías; y se vean ya claras divisiones entre indignados y más indignados todavía. ahora la patata caliente está en manos del Gobierno central, que es el único que tiene competencias en materia de seguridad. Según fuentes conocedoras de situación, la delegada en Madrid, Dolores Carrión, está atada de pies y manos a la hora de actuar frente a los okupas, un asunto sumamente delicado con las elecciones tan cerca. Alberto Gordo. Madrid los antisistema calculan que serán desalojados en dos meses Teatro albéniz la asociación de Pilar Bardem, que pedía la reapertura de la sala, respalda el 15-M Por ahora descartan volver a 'okupar' el Cada noche duermen en el edificio 25 radicales - - reportAje 'okupAción' del hotel MAdrid
"No creo que ocupemos el albéniz. Sería crispar el ambiente. De hecho, un tercio de nosotros votamos en contra en la asamblea. lo importante es que, hasta que nos echen, hagamos cosas". El que habla es uno de los indignados apostado en la puerta del Hotel Madrid. ¿Qué cosas son esas? "Mira, sube, sube, hay hasta una Universidad Popular".

El 10 de la calle Carretas es un edificio elegante que esconde un interior amplio e iluminado, de suelos enmoquetados, cuya escalera central va distribuyéndose por las distintas plantas, encerrando en el hueco uno de esos ascensores de metal cansados de cumplir años. A la entrada, un joven cuya voz recuerda a la de aquellos locutores que fumaban sin parar antes de entrar en antena, pasa el aspirador y comenta en alto con otro: "lo importante es la apariencia, tío. Yo, si tengo una entrevista de trabajo, me plancho el Lacoste y allá que voy".

En la primera planta, un grupo de activistas desayunan; es la una del mediodía y urge coger fuerzas para lo que resta de día, que ya no es tanto. En el Departamento de Comunicación, una habitación de cuya puerta cuelgan una serie de avisos y algún artículo de El País, aún no ha amanecido. Con la confianza aún titubeante del que acaba de ser erigido en algo que no le corresponde, uno de los presentes recalca, para quien lo quiera escuchar, la necesidad que había de ocupar "algo". ¿Y por qué ese hotel? Porque los indignados lo consideran un ejemplo de la ruina capitalista, ya que tanto ese edificio como el del albéniz, pertenecen a la inmobiliaria Monteverde, hoy en concurso de acreedores.

Unas 25 personas duermen allí y pretenden hacerlo hasta dentro de dos meses, fecha en la cual, calculan, llegará el desalojo. La situación trae de cabeza a artistas y organizaciones culturales próximas -o directamente integradas- en el 15-M, ante el miedo a que ocupen el Teatro albéniz.

En este lío más de uno se juega su credibilidad: la Plataforma por la Defensa del Teatro albéniz, de la que forma parte, entre otros, Pilar Bardem, ha caminado hasta ahora del brazo del 15-M, por lo que su corazón amaneció dividido el día en que los okupas hicieron un butrón y se colaron en el patio de butacas del histórico teatro. Eso cristalizó en un plante entre artistas y radicales en la primera de las asambleas dedicadas al asunto, la del pasado jueves. Eva Aladro, líder de los que defienden el teatro, calificaba ayer de "pseudoestalinistas" a los okupas, y aseguraba que no eran del 15-M.

Puede que sea este el germen del enfrentamiento que sucede a toda revuelta utópica; ya se sabe: los métodos, el uso de la violencia... y de ahí que empiecen a surgir tics autoritarios que pasan por ignorar lo resuelto en las antes sacralizadas asambleas, órgano soberano de la rimbombante democracia sin jerarquías; y se vean ya claras divisiones entre indignados y más indignados todavía. ahora la patata caliente está en manos del Gobierno central, que es el único que tiene competencias en materia de seguridad. Según fuentes conocedoras de situación, la delegada en Madrid, Dolores Carrión, está atada de pies y manos a la hora de actuar frente a los okupas, un asunto sumamente delicado con las elecciones tan cerca.

Publicado en LA GACETA el 22/10/2011

No hay comentarios:

Publicar un comentario